La lluvia comenzó a caer sobre la ciudad cuando la jornada laboral llegaba a su fin.
Los empleados abandonaban poco a poco las oficinas de Belmonte Group, mientras Adrián permanecía en su despacho, incapaz de concentrarse.
La imagen de Miranda seguía presente en su mente.
La suavidad de su cabello entre sus dedos.
La forma en que ella lo había mirado.
Sin reproches.
Sin rencor.
Solo con una ternura que él no lograba comprender.
Resopló con frustración y cerró la carpeta que tenía frente a él.
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