El amanecer lo encontró aún despierto. Adrián se había pasado toda la noche revisando informes, registros y grabaciones. Había ordenado revisar las cámaras, los teléfonos, incluso el acceso de los vehículos en la entrada principal, pero no había encontrado nada. Ninguna pista de hacia dónde pudo ir Miranda.
La mansión estaba en silencio. Un silencio insoportable, distinto al habitual. La copa de vino seguía sobre la mesa del comedor, a medio vaciar, y en el aire aún flotaba el leve aroma de su