Capítulo 53. El crimen culinario del amor.
La madrugada era un cristal frío sobre Milán. Las calles dormían bajo una neblina suave que atrapaba los reflejos de los semáforos y las farolas, volviéndolos un resplandor líquido. El motor del deportivo ronroneó al detenerse frente a la casa, y el silencio del vecindario se quebró solo por el tintineo metálico del motor al apagarse.
Eliot bajó primero, cerrando la puerta con cuidado. La brisa olía a lluvia reciente y a vino caro. Seiya, en cambio, salió tambaleante y feliz, con las mejillas e