Capítulo 111. Métodos poco ortodoxos.
La ciudad ya estaba oscura cuando salieron del terreno de la casa. Las luces se deslizaban por el parabrisas como manchas líquidas, y el motor avanzaba con una suavidad engañosa, demasiado tranquila para el estado en el que ambos iban.
Théon conducía. Tenía las manos firmes sobre el volante, la mirada fija al frente. Eliot, en el asiento del copiloto, no dejaba de moverse: el pie rebotando contra el piso, los dedos crispados sobre el muslo, la mandíbula tensa.
—No puedo creer que estemos hacien