Capítulo 39. De Verona a casa.
La finca había sido, durante días, un refugio improbable. Entre desayunos compartidos y silencios cómodos, algo del pasado se había desvanecido, y la distancia entre Seiya y Eliot parecía menos cruel. Ahora, con el auto esperándolos fuera, el aire de Verona tenía ese olor a despedida que lo volvía todo más lento.
Seiya se detuvo en el umbral del comedor: Clarita ya había pasado temprano, dejando todo dispuesto, y Nataniel vigilaba a las niñas mientras terminaban su desayuno. En la mesa quedaban