Capítulo 145. Soy tuyo hasta que muera.
Verona de noche tenía una quietud particular, esa que solo tienen los pueblos viejos cuando el frío termina de vaciar las calles. El aliento salía visible en el aire y los adoquines brillaban levemente con la humedad de la noche.
Seiya caminaba sujeto del brazo de Eliot, con los pasos un poco más ligeros de lo habitual y las mejillas rosadas por el sake. Reía de algo que había recordado en la mesa y que todavía no había terminado de procesar, con esa risa suelta que solo aparecía cuando las def