Capítulo 147. Deudas del instinto.
La casa estaba en silencio cuando volvieron a entrar. El frío de Verona se había instalado en el jardín con esa firmeza particular de las noches de invierno, y el contraste con el calor adentro se sentía en la piel en cuanto cruzaban el umbral.
Seiya entró primero, sin detenerse, directo hacia la sala. Tarō estaba junto a los niños dormidos, tenía las orejas caídas, el rabo quieto y el cuerpo encogido. Se arrodilló junto a ellos con las manos no del todo firmes, buscando anclar algo en medio de