Capítulo 138. El dragón abatido.
El interior de la planta de Cuoressi conservaba ese olor profundo y cálido del cuero tratado, una mezcla de taninos, aceites y madera húmeda que se impregnaba en el aire y en la ropa de quienes trabajaban allí. Las luces industriales iluminaban largas mesas de inspección donde los operarios revisaban las piezas terminadas, palpando las superficies con cuidado, buscando imperfecciones invisibles para cualquiera que no conociera el oficio.
Eliot caminaba entre las líneas de producción con la calm