Capítulo 10. No ahora, tal vez después
Aquella noche el departamento de Seiya estaba en silencio. Ese silencio vacío que lo hacía sentirse más solo que nunca. El enigma giraba por los pasillos con el cuerpo tenso, como si cada rincón le recordara la ausencia de su omega. El ciclo se acercaba: lo sentía en la piel, en el pulso desordenado, en la urgencia que lo mordía por dentro.
Tomó el teléfono con manos impacientes. Marcó. Nadie contestó. La frustración le atravesó el pecho e insistió, hasta que finalmente escuchó la voz de Karina