Capítulo 9. Cuídame siempre
Ya en la salida del restaurante, Seiya extendió la mano con esa sonrisa traviesa que a Eliot le crispaba los nervios.
—Dame las llaves del carro.
—Ni lo sueñes —replicó Eliot, cruzándose de brazos—. Estás borracho.
—No lo estoy —contestó Seiya, tan campante, aunque todavía tenía el brillo del sake en los ojos.
—Seiya, no seas irresponsable.
El joven rio por lo bajo, inclinándose apenas hacia él.
—Si no manejo, no te voy a llevar al lugar especial donde guardo el mejor sake.
Eliot apretó la mand