Capítulo 152. Mi señor.
La chimenea seguía encendida y el árbol iluminaba el salón con esa luz cálida y parpadeante que hacía todo más quieto. Las copas vacías y los últimos rastros de la cena de navidad quedaban sobre la mesa, pero nadie tuvo prisa por recoger. La noche afuera era fría y oscura, y adentro el día todavía se resistía a terminar.
Los niños estaban en la alfombra de la sala con un desorden feliz, después de abrir sus regalos. Mientras los adultos a su alrededor conversaban y compartían un vino.
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