Capítulo 11. Lo quiero intentar
El sol del mediodía caía sobre Milán como un lienzo de oro líquido, el asfalto brillaba, los tranvías chirriaban en las curvas, y el aire caliente traía el olor de los castaños mezclado con perfume y gasolina. Seiya bajó la ventanilla del coche y dejó que el viento desordenara su cabello negro, no tenía prisa, pero el pulso le latía rápido; esa sensación eléctrica que solo Eliot Foster podía provocarle.
En los semáforos observaba la ciudad con la serenidad de quien la conoce y la domina; las fa