Se montó en su camioneta y salió chirriando las llantas frente a la casa, igual que cuando tomó carretera la vez anterior.
Sentía el corazón acelerado. Iba a verlo. Solo esperaba que él aún quisiera hablar... y que le aclarara que no la había utilizado. Que, aunque fuera tantito, de verdad le importaba.
Jamás pensó que haría algo así: buscar a un hombre. Pero había decidido hacerle caso a las palabras de la pequeña Vera. Aunque era joven, los consejos que le daba a su jefa los decía de corazón.