Las cosas entre ellos ya iban mucho mejor, pero aún tenían ciertos desacuerdos.
Para Mónic, el trabajo no se discutía; ella vivía para eso, y nadie podía quitárselo.
—Quiero que te vayas —le ordenó seria, con la mirada enojada.
—Me voy, pero mañana paso por el libro, y tú te quedas aquí —sin más, se dio media vuelta y salió a toda prisa.
Ambos estaban molestos.
Mónic porque no toleraba que le dieran órdenes, y menos referente a su trabajo.
Logan por lo testaruda que estaba siendo esa mujer.
No