Con la manga de su suéter, secó el sudor de su frente, sus manos las llevaba hechas puños a tal grado que le dolían los nudillos, se aferraba a la orilla del suéter como si de ello dependiera su vida.
Luego, una enorme puerta de madera con grabados que conocía muy bien apareció frente a ella.
Liliana sabía dónde estaba, había estado ahí muchas veces, cuando visitaba a su abuela, pues podría ser una mujer cruel, podría expresarse mal de la madre de Liliana, pero al menos ella le permitía un mome