- ¡Dios! ¡Dios! ¿Qué hago? ¿Qué hago? -decía mientras daba vueltas por toda la habitación.
Luego de dos o tres horas de pensar en que podía hacer, Liliana comenzó a entrar en desesperación y un montón de ideas le llegaron a su mente.
- ¡No! ¡No debí salirme! ¡No! ¡No puedo! ¡No puedo! ¡Mi padre tiene razón! ¡Soy una inútil! ¡Soy una inútil! Ahora que me encuentre, me encerrará, jamás podré volver a salir. -dijo Liliana entre lágrimas.
Si algo tenía Luis Cedeño, era que podía meterse tan profunda