En nueva York, en una de las exclusivas zonas de casas, por el enorme pasillo de mármol, se escuchaba el elegante caminar de un hombre.
- ¿Se puede? -dijo el hombre dando dos ligeros toques en la puerta de madera.
- ¡Adelante! -se escuchó la voz masculina de alguien dentro.
- Creía que no me recibirías tan fácilmente. -dijo el hombre, entrando con la elegancia propia de aquel caballero.
- ¿Qué sucede, Robert?—preguntó Theodore levantando la vista de los documentos que revisaba.
- Como tu abogad