Tras varios días de ataques de pánico y ansiedad, Liliana por fin pudo abrir sus ojos, al hacerlo, el lugar le resultó familiar. La luz del día le lastimaba la vista, su cuerpo dolía, principalmente su espalda, miraba a su alrededor y era claro dónde estaba, bien a bien, no sabía qué hacía ahí.
- ¿Qué bueno que has despertado? Permíteme, voy a ir por el doctor Bauer. -dijo la dulce voz de una enfermera ya mayor.
Pocos minutos después, el doctor Bauer junto con otro médico, iban entrando a la ha