Liliana permanecía sentada en el suelo, recargaba su espalda en la orilla de la cama, por sus mejillas rodaban lágrimas, puesto que, no paraba de ver las notas que habían salido de hace unos días, donde se cubría la gran noticia de Frida Quintana y Gabriel Garza.
Habían pasado 4 años y ella, aunque no lo decía, aunque trataba de no pensarlo, aún traía a su mente los recuerdos de aquel joven que, sin pensarlo, sin esperarlo, lo conoció, la enamoró y luego, luego se marchó.
Ahora, todo se veía ta