Anya y Theo regresan a casa luego de un largo día fuera de esta, Anya trae el rostro congelándose. Al abrir la puerta, Anya es recibida con la calidez de su hogar, mira hacia el sofá y la piel se le eriza de pensar en lo que estuvieron haciendo toda la madrugada.
Theo le desabotona el abrigo y se lo quita para colgarlo en el armario, ella da un respingo ante aquella acción. Ella poco a poco se va acostumbrando a la nueva actitud de aquel hombre, pues ahora la trata como si cuidara lo más valios