El restaurante era pequeño y acogedor con vista a las colinas que rodeaban Fiesole, bañadas por una luz suave de mediodía.
Elena dejó el menú sobre la mesa.
—Pediré pescado.
Xander asintió, pero cuando el camarero se acercó, intervino antes de que ella terminara.
—Bien cocido —aclaró—. Nada de puntos intermedios.
El camarero asintió sin cuestionar.
Elena lo miró y por un segundo tuvo que contener la risa.
—¿En serio? —murmuró cuando el hombre se alejó.
Xander no se inmutó.
—Muy en seri