Tres semanas después, el avión descendía lentamente sobre la costa.
Desde la ventanilla, Elena observaba el mar.
Ese azul profundo.
Como si el tiempo no hubiera pasado desde aquella primera vez.
Parga la recibía igual.
Pero ella… ya no era la misma.
Apoyó una mano sobre su vientre, en un gesto casi inconsciente.
—Volvimos… —murmuró en voz baja.
A su lado, Xander la miró.
No dijo nada.
Pero su mano encontró la de ella y la sostuvo con firmeza.
Como si no pensara soltarla nunca más.
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