Xander cruzó la puerta de la mansión con paso firme, aunque el peso del alcohol y la furia aún le ardían en el pecho.
Elena seguía despierta.
De pie en la sala, con una bata ligera sobre los hombros, esperándolo.
—¿Qué estás haciendo fuera de la cama? —preguntó él, con el ceño apenas fruncido.
—Estaba preocupada —respondió ella sin rodeos—. Has estado bebiendo.
Xander la observó un segundo.
En silencio.
Y algo en su expresión se quebró apenas.
—Ven aquí.
No esperó respuesta.