Xander no apartó la mirada de ella en todo el desayuno.
Elena se sentó frente a él, intentando mantener cierta normalidad, pero cada movimiento era consciente.
Demasiado consciente de su presencia.
—Deberías comer —dijo él finalmente, señalando el plato casi intacto.
Elena esbozó una leve sonrisa.
—Podrías empezar tú.
Xander miró su propio plato.
Negó apenas, como si ese detalle fuera irrelevante.
—No tengo hambre.
—Yo tampoco.
El silencio volvió. Pero esta vez no fue tenso.
Fue expe