Xander no respondió.
Permanecía sentado, el vaso de whisky intacto entre sus dedos, la mirada fija en la ventanilla del jet mientras el paisaje comenzaba a definirse debajo de ellos.
Campos.
Extensiones interminables de tierra trabajada.
Nada que ver con el mundo al que estaba acostumbrado.
Raúl, frente a él, revisaba una carpeta digital en la tablet.
—No se preocupe —insistió—. En cuanto aterricemos tendré toda la información ordenada. Los nombres, direcciones… y lo poco que queda de registros