La noche cayó lenta sobre el hospital, el silencio era total
Silencio que Hipólita detestaba.
Estaba sentada en la cama.
Demasiado tranquila.
Las manos apoyadas sobre el regazo.
Los ojos abiertos pensando.
No en escapar.
En no fallar, eso no podía pasar.
Era un lujo que no podía permitirse,no cuando Xander empezaba a dudar.
No cuando otro médico podía verlo.
La puerta se abrió suavemente.
—Es hora del medicamento, señora —anunció la enfermera.
Hipólita levantó la vista