Cuatro años después, la isla de Agios Leoni respiraba en calma.
El sol caía suave sobre la piscina.
El mar, a lo lejos, era apenas un murmullo.
Nada quedaba de las tormentas.
Ni afuera…
ni adentro.
Elena estaba recostada en una tumbona.
Un libro abierto entre sus manos.
Pero no leía.
Miraba.
Siempre terminaba mirando a su familia
En la piscina, Xander jugaba con su hijo.
—¡Más alto! —gritaba Leandros, riendo.
Xander lo levantó en el aire sin esfuerzo.
—¿Seguro?
—¡Sí!
Y lo lanzó suavemente al ag