Acostada en su cama, Elena permanecía con los ojos abiertos, fija en el techo.
La habitación estaba en penumbra.
El silencio era absoluto.
Pero su mente… no.
Todo volvía.
Una y otra vez.
Las palabras de Yannis.
La verdad, tan dolorosa como aliviadora. Ahora comprendía tantas cosas.
Su padre no era su padre.
Cerró los ojos con fuerza.
Como si así pudiera borrar lo que había escuchado.
Pero no funcionó.
Nunca funcionaba.
—Qué ingenua… —murmuró para sí misma.
Había creído que podía i