—¿Crees que fui yo, Sara? ¿Crees que yo lastimé a Trinidad? —preguntó Misael.
Sara entró en la sala, oyendo el crepitar de las llamas. Se arrodilló frente a él y le apoyó la cabeza en una pierna.
—Un mundo donde tú eres el villano es un lugar donde no valdría la pena vivir.
La mano de Misael le acarició el cabello. Buscó sus ojos, necesitaba toda su atención.
—Yo no lo hice, Sara. No quiero que haya ninguna duda al respecto. Haz lo que debas hacer, pero no dudes de mí.
Sara asintió. Se sentó ju