—¡¿Me escuchas, Rojas?!
Pasado el estupor de la dramática confesión que habían presenciado, Max acompañaba a Sara en la enfermería.
—¡¿Me escuchas?!
—Sí... un poco despacio... Hay un pitido.
—No se aprecia trumatismo interno —dijo el oficial médico de turno, revisándole los oídos—. Si el tinnitus continúa mañana, tendrás que ir a un hospital.
Sara leyó en sus labios "hospital". El resto habían sido murmullos por debajo del pitido. Max le acercó su teléfono. Había escrito lo dicho por el mé