Luego de dar aviso a Max, Sara se dirigió a la ubicación que Aníbal le había enviado. Siguiendo las indicaciones de la aplicación de navegación GPS, llegó a un barrio residencial en los suburbios. La calle, solitaria, estaba iluminada a intervalos por los focos de anaranjada luz artificial. Por cada uno bueno había dos malos. La casa en cuestión estaba en una de esas manchas sombrías, que daban el aspecto de estarlo observando todo a través de gruesos barrotes. Nadie había por allí a esas horas