Marsella era un puerto bullicioso, un laberinto de mercados negros y canales marítimos perfecto para esconderse. Valentina y Dimitri se reunieron en una bodega abandonada cerca del puerto, el corazón de las operaciones logísticas del Mediterráneo.
Dimitri había llegado exhausto. Sus heridas, superficialmente tratadas durante la fuga de Roma, eran un testimonio de la brutalidad de Nikolai. Pero su enfoque seguía siendo implacable.
—El objetivo es la Cámara de Compensación de Marsella. Nikolai la usa para lavar los fondos de Operación Cronos antes de inyectarlos en la economía europea. Si la paralizamos, el pánico financiero se extenderá, obligando a los Yuri a tomar medidas militares —explicó Valentina, desplegando los planos en una mesa improvisada.
Dimitri asintió. Sus ojos, sin embargo, no se centraban solo en el mapa. Estaban fijos en la palidez de Valentina, en la tensión alrededor de sus ojos. Ella estaba sufriendo la ruptura con su mellizo.
—Tu hermano no se detendrá —dijo Dimit