Quiero reñirle por su imprudencia, pero no puedo hacerlo, así que solo me limito a pronunciar una palabra de agradecimiento. Por suerte, en ese momento, entra Sonia con aperitivos para todos, creando una distracción.
Ocupo un lugar en un sillón opuesto a donde está Nathan sentado, marcando distancia entre los dos. Entre más lejos, mejor. Estar cerca de él me pone nerviosa.
Simon y Mare aparecen en escena un momento después.
—¡Nathan! ¡Qué bueno que has venido! —Lo saluda Mare con familiaridad a