—Ah... Mm... Thomas... me arde, me estás volviendo loca —dijo Zoey.
—¿Gritas así solo por un dedo? Espera a sentirme hasta el fondo; te voy a hacer gritar mucho más fuerte.
Thomas movía las caderas contra la entrada de Melanie a un ritmo implacable, y la piel de ella se ponía cada vez más roja con cada impacto. Su cuerpo temblaba bajo la fuerza de sus embestidas constantes.
—Cariño... Mm... —Melanie sonaba llena de placer, pero seguía chupándole los pechos a su hermana menor para aliviarla. Era