Max
No sabía por qué lo hacía.
Tal vez porque algo en su rostro me había quemado desde dentro, tal vez porque esa sonrisa había desatado un fuego que creí extinto.
O quizás porque su tristeza me pesó en el pecho como una verdad que no lograba nombrar. Lo único que sabía era que mis pies se movían sin pedir permiso, siguiéndola más allá del sendero principal del cementerio.
Ella caminaba con paso sereno, como si tuviera la certeza de que yo iría detrás de ella.
La vi girar hacia un mausoleo de