Sofía
Era increíble cómo me temblaban los brazos por cargar a una niña que no pesaba ni diez kilos… y, sin embargo, sentía que sostenía el mundo entero.
Avanzaba por uno de los pasillos secundarios de la mansión, con Magda dormida sobre mi pecho y una gran maleta, que bien parecía ser de camping, colgada a mi espalda.
Sus cabellos suaves me hacían cosquillas en la barbilla, pero no me atreví a apartarlos. Con cualquier movimiento brusco podría despertar y no quería asustarla. La respiración de