Max
Desperté en un silencio tan opresivo que me apretaba el pecho.
El sedante me había dejado la mente pesada, cada pensamiento me hundía cada vez más en la desdicha.
Abrí los ojos y vi el techo del hospital, al que no le encontraba sentido, como si todo hubiera quedado suspendido en una pesadilla de la que no me permitían despertar.
Mis ojos estaban hinchados, las manos abiertas a mis costados, y hasta el aire dolía al entrar en mis pulmones. No tenía fuerzas... la culpa me asfixiaba, no me d