Aníbal
Me quedé firme junto a la columna, observando cómo la cena se transformaba en un espectáculo.
Tatiana reía fuerte, demasiado cerca de Pierre. Paulina, en cambio, sonreía en automático, con esa mirada que yo ya conocía. Vacía. Desconectada. Como si se hubiera arrancado el alma para poder sobrevivir en ese cuerpo que solo le dolía.
Y entonces lo vi.
Max.
Mi hermano.
Apareció entre los invitados como si fuera parte del decorado: elegante, silencioso, con esa presencia que llenaba el aire s