Paulina
Abrí los ojos me di cuenta de que no estaba en mi habitación.
Las paredes estaban pintadas de un blanco opaco. No habían cuadros... nada que hablara de quién había dormido allí antes.
Me tomó unos segundos entender dónde estaba. Una de las habitaciones de servicio.
Lo supe por el colchón delgado, la manta áspera, el olor a lavanda mezclado con jabón de ropa.
Me incorporé con lentitud. El cuerpo me dolía, pero no como anoche. Sentí algo frío y suave en mi muñeca: un vendaje limpio. O