Paulina
—Bueno —habló el hombre, dirigiendo la mirada a Pierre—. Creo que ahora sí tiene algo que podría hacerme recapacitar sobre los negocios que me propuso, señor Moreno...
El tipo me sonrió y se alejó con la misma elegancia con la que había llegado.
Su perfume quedó flotando por un segundo. Su voz… aún resonaba en mis oídos.
“Se ve hermosa, señorita.”
—Es Moreau, imbécil —susurró mi esposo a mi lado.
Pierre volvió a apretar mi rodilla con tanta fuerza que sentí las uñas clavarse. Su sonrisa