Capítulo 11: Aguanta un poco más

Paulina

Me desperté sintiendo la garganta seca. Tenía la cara pegada a la almohada.

Mi cuerpo estaba todavía entumecido.

Abrí los ojos despacio. La luz del sol entraba por las cortinas, cálida, suave… y traicionera. Porque el día había llegado, y con él, la realidad.

Me incorporé como pude, sin hacer ruido.

Y lo vi.

Aníbal estaba sentado en la silla. Tenía los codos apoyados en las rodillas, la cabeza inclinada hacia abajo.

Parecía que no había dormido. O si lo hacía, lo hacía a medias. Su pos
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