Max
A los niños les gustó la idea de mudarnos más de lo que esperaba.
Bastó con que Magda empezara a contarles todo lo que había en la mansión: su habitación de princesa —así la llamó—, llena de luces de colores, estanterías con libros y un armario tan grande como una casa. Dijo que estaba dispuesta a compartirla con Iris, y esa simple oferta pareció borrar todo el miedo que la pequeña aún sentía.
Y luego vino la parte más emocionante: el jardín.
Un patio con columpios, toboganes, camas elástic