El caos en la sala del juzgado fue controlado por los alguaciles, pero el eco de las palabras de Liam seguía resonando en cada rincón como una campanada que anunciaba el fin de una era de mentiras. Marcos fue detenido en el acto, con el rostro pálido y los ojos desorbitados, mientras los periodistas escribían en sus mentes los titulares del día siguiente. Su abogado, Harrison Cole, fue escoltado fuera de la sala entre la vergüenza de sus colegas y el murmullo de los curiosos. La demanda contra