Ignacio estaba en el altar, con el traje de novio impecable y una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Cada palabra del oficiante era un martillazo en su conciencia. Cada mirada de los invitados era un recordatorio de la mentira que estaba a punto de sellar. Pero no podía detenerse. No podía arriesgar la vida de Vanessa. Su mano, que sostenía la de Clara, temblaba ligeramente, y su mente viajaba a la mujer que realmente amaba, la que estaba en algún lugar de la ciudad, quizás viendo la boda por t