El teléfono de Héctor sonó pasada la medianoche. Era un número que no tenía registrado en su agenda, pero que reconoció al instante por el prefijo: +58, Venezuela. Caracas. Hacía más de veinte años que no recibía una llamada de allí, y sabía, con la certeza de quien ha vivido demasiado tiempo, que ninguna buena noticia llegaba desde esa ciudad a esas horas.
—¿Héctor Montesinos? —la voz al otro lado era grave, profesional, con un acento venezolano marcado que le trajo recuerdos que prefería mant