Una semana después del viaje a Santo Domingo, Vanessa empezó a notar un patrón que no podía ignorar. Cada vez que planeaba ver a Ignacio, algo ocurría. No eran grandes catástrofes, sino pequeñas interferencias que parecían diseñadas para frustrar sus encuentros. Y aunque al principio los atribuyó a la mala suerte, la acumulación de incidentes comenzó a despertar una sospecha incómoda.
Liam, por su parte, se había convertido en un maestro del disimulo. Sus interrupciones eran tan sutiles que Van