La noche cayó sobre Miami con un calor húmedo que se pegaba a la piel. Vanessa estaba en la azotea con Ignacio, habían planeado encontrarse allí por segunda vez en secreto, sintiendo el viento en el rostro y el peso de la culpa en el pecho. Acababa de recibir un mensaje de Liam: «Mamá, me duele la cabeza. ¿Puedes volver?».
Su primer instinto fue levantarse, despedirse de Ignacio y correr a casa. Pero algo la detuvo. Era la tercera vez que Liam usaba una excusa para interrumpirlos en esa semana.