La mañana amaneció gris sobre Miami, con nubes bajas que amenazaban lluvia y un aire húmedo que se pegaba a la piel como una segunda camisa. Vanessa llegó a la oficina de Ignacio con el corazón acelerado, aunque se repetía a sí misma que era solo una reunión de negocios. El contrato. Las cláusulas. Nada más.
Pero cuando Sofía la condujo al despacho y la puerta se abrió, el mundo se redujo a él.
Ignacio estaba de pie junto a la ventana, con las manos en los bolsillos del pantalón y la mirada per