Los días en el hospital se sucedieron con una lentitud que desesperaba a todos. Las visitas de los médicos, las revisiones constantes, la rutina de los monitores que pitaban en la habitación de Ignacio se habían convertido en el nuevo latido de su vida. Pero para Héctor, cada hora que pasaba era una oportunidad que se escapaba entre sus dedos, como arena que no podía retener.
La certeza que había visto en los ojos de Liam, en sus gestos idénticos a los de Ignacio, se había instalado en su pecho