MATTHEW GRAYSON
Estaba mareado, pero aún consciente, disociado, como si la realidad se hubiera distorsionado. Entonces la vi, era ella, el fantasma que me atormentaba y me seguía, Julia, con esos ojos que me congelaban, me sonreía con timidez y picardía.
Se acercó y enrollo sus brazos en mi cuello, mientras mis manos se derretían en sus curvas. Su aliento aceleró mi corazón y ya no pude contenerme más, empujé su rostro hacia el mío, presionando su nuca con mi mano, su boca chocó con la mía de